Capitalismo y prisión política: el caso de Pablo Hasel

Prueba la adrenalina de superar el miedo,
Si dejas que te bloquee, nunca podrás joderlos.
A diario libro una batalla contra este,
Me ayudan libros y que otros coraje demuestren.

Organizar la futura revolución requiere agallas,
Venzo al miedo, si la rabia en mi interior estalla.

Me enfrento a ellos, no juego,
cuando la conciencia puede más que el miedo.
Podemos superar el terror que nos meten,
Y resistir siempre, quiero hacerlo hasta la muerte.
Por los míos, por todos los que cayeron,
Cuando la conciencia puede más que el miedo.
Porque vale más un año con dignidad,
Que cientos muriendo, como un cordero.”
Pablo Hasel, “Cuando la conciencia vence al miedo”.

Este año rap y política ha sido uno de los temas sobre los que he hablado en distintos números de Hormiga roja. Desde el rap chileno a la educación basada en Hip Hop de Krs One hemos ido recorriendo distintas temáticas.

En este artículo quiero hablar sobre un caso muy importante para mí y para la historia reciente de la cultura Hip-Hop; el de Pablo Hasel, rapero comunista español preso hace ya cuatro años, víctima de una operación política y policial orientada a criminalizar su mensaje acusándolo de apología al terrorismo.

Si bien escucho rap desde los once años, fue Pablo quien a los quince me enseñó lo que era el rap con contenido político, y quien me presentó por primera vez el comunismo de forma atractiva y convincente. Sus canciones están cargadas de argumentos, y son canciones sin pelos en la lengua de un militante que en plena derrota política del socialismo (y en las difíciles condiciones españolas) sostiene que no tenemos que tener vergüenza de decir que somos comunistas, que somos marxistas, y que deseamos la revolución. De alguna forma esta convicción de Pablo conectó muy bien con las incipientes referencias que habitaban en mí por proceder de una familia de izquierda, y así empezó mi vida política más activa.

Pablo Hasel está preso porque el sistema entendió lo peligroso de un tipo capaz de movilizar conciencias más allá de las fronteras nacionales y continentales. Los militantes tenemos entonces la responsabilidad de lograr que el caso de Pablo, como el de todos los presos políticos del mundo, no caiga en el olvido.

Contexto

Como dije en la introducción, su encarcelamiento es una operación política y policial. Su causa es el producto de casi diez años de movimientos de organizaciones de derecha, políticos y el aparato policial, para ir generando antecedentes con el objetivo de que algún día efectivamente sea encarcelado. Repasemos cómo se fue dando esto.

Durante el 2010, posiblemente en relación con el impacto de la crisis económica en España, el rap político español tuvo su primer gran auge. Algunos de los raperos clásicos de la vieja escuela como Metro, Kase O o Tote King tenían ya un fuerte mensaje social en sus canciones que de a momentos lograba apuntar claro, señalaba políticos y gobiernos con nombre y apellido, criticaba el bipartidismo y reclamaba la necesidad de un cambio. Pero no era todavía rap explícitamente de izquierda, no se solía nombrar al capitalismo, ni a la clase trabajadora, ni al socialismo ni a una perspectiva revolucionaria. Los nombres que comenzaron a cambiar este panorama fueron principalmente Pablo Hasel, Los Chikos del Maiz (Nega venía en realidad haciendo rap político desde los 90 con 13 pasos), Arma X, Gata Cattana y Día Sexto.

La persecución sin embargo acompañó a este movimiento desde el principio. Salas públicas y privadas les prohibían tocar, varios de ellos salieron en medios amarillistas siendo señalados como terroristas y proetarras, y Los Chikos del Maiz fueron denunciados penalmente por apología al terrorismo de ETA. Pero ya desde un principio el caso más sonado fue el de Pablo Hasel.

La persecución empezó en 2011 con su primera detención acusado de enaltecimiento del terrorismo1. En este caso se lo persigue por versos concretos como “¿Apoyar a Franco no es delito sino algo normal? Quienes manejan los hilos merecen mil kilos de amonal.” La propia condena a Pablo confirma lo que dice la rima: en un país donde la derecha es libre de juntarse periódicamente a reivindicar a Franco y el golpe de estado en el “Valle de los Caídos”, se persigue a un rapero por expresar su rabia con la situación actual de la sociedad.

Un año después detuvieron al productor de Pablo, Marc hijo de Sam, y le allanaron su casa robándole múltiples objetos nunca devueltos. Todo esto también bajo la acusación de enaltecimiento al terrorismo por acompañar a Pablo en su carrera músical. En aquel momento ambos sacaron la canción “No hay bozal”, que tuvo bastante difusión y en la cual se denunciaba el caso. 

A partir de este momento la historia de Pablo conecta con la del conjunto del proceso político español. Entre el 2014 y el 2015 se aprueba y pone en práctica la famosa “ley mordaza”, que entre muchos avances represivos, prohibía filmar el accionar de policías durante manifestaciones, daba presunción de veracidad a las declaraciones de la policía, ponía grandes multas por incidentes en movilizaciones, habilitaba el uso de balas de goma y criminalizaba a los inmigrantes. Según Amnistía Internacional, desde la aprobación de la ley se han realizado más de 291.400 sanciones por resistencia, desobediencia o negativa a identificarse2. Es que la avanzada represiva hacia los raperos y los movimientos sociales estaba enmarcada en el gran ciclo de luchas abierto en toda Europa por la crisis del 2008, que revitalizó a los movimientos sociales, impulsó importantes movilizaciones de masas, y desarrolló nuevos agrupamientos en los distintos sectores de la izquierda.

En 2017 Pablo recibió nuevas denuncias por tuits contra la monarquía y llamado a la movilización popular. Al año siguiente fue famoso el caso de otro rapero, Valtonyc, también denunciado por enaltecimiento del terrorismo, quien tuvo que exiliarse en Bélgica para evitar ir preso, escapando antes de que lo detengan. En 2019 las causas abiertas por los tuits fallaron en contra de Pablo y fue condenado, aunque no entró en prisión. Al ver que tras esta condena cualquier nueva condena lo llevaría a la cárcel, la guardia urbana de Lleida (su ciudad de residencia) y grupos de extrema derecha, comenzaron a realizarle denuncias, por supuestas amenazas a un policía, por participar de una movilización que terminó en disturbios, por más tuits y otros artificios que terminaron en su condena en febrero de 2021, la cual tendrá que cumplir hasta 2027.

La detención de febrero despertó una oleada de movilizaciones en toda España, que comenzaron con la propia resistencia a la detención en la Universidad de Lleida, donde Pablo se atrincheró con miles de manifestantes que lo cubrieron para que la policía no llegara a él. Las movilizaciones que posteriormente explotaron en todo el país fueron una expresión de la rabia contra la represión, siendo sobre todo muy importante la presencia juvenil, que se enfrentó en la calle a la represión policial durante días de forma muy valiente y organizada. Salieron a la calle también organizaciones estudiantiles, sindicales, de derechos humanos, sectores de la izquierda partidaria, radical y no radical. Para muchos de los sectores más radicales, Pablo Hasel es un referente, uno de los suyos, y actuaron en consecuencia siendo de los más organizados contra la represión estatal, profundizando su enfrentamiento con el estado español.

Las protestas fueron uno de los temas principales de varios informativos durante más de una semana. Se hicieron canciones pidiendo la amnistía, se hicieron manifestaciones en la embajada española en otros países, se pronunciaron figuras culturales y políticas importantes, se habló en el parlamento. Sin embargo nadie pudo frenar el encarcelamiento. Los cientos de detenidos y heridos por la represión, y el rechazo de una parte de la sociedad a las movilizaciones en pandemia, terminó derrotando a la movilización. Cabe destacar también que esto sucedió durante un gobierno progresista.

A pesar de no haber podido derrotar la avanzada represiva, las movilizaciones fueron un levantamiento de una parte importante de la juventud española, que logró explicitar una de las ideas que más explica Pablo en sus canciones: la de que el régimen político español surgido de la transición nunca rompió totalmente con el fascismo ni con el autoritarismo, y que sigue siendo un régimen basado en el aplastamiento violento de la clase trabajadora. Esto no es algo de lo que Pablo se haya enterado por su propia historia, sino que sus temas siempre denunciaron la existencia de presos políticos en España, haciendo mucho énfasis en el  caso de los militantes del Partido Comunista Español (reconstituido), quienes durante los últimos años de la dictadura participaron de un brazo armado llamado Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, y que durante la transición llamaron a deponer las armas y continuar la lucha en otros planos, pero buscando que el movimiento obrero desborde la transición burguesa e imponga sus condiciones. Esto llevó a que el Estado caracterizara al PCE(r) como organización armada y terrorista y persiguiera a decenas de militantes presos desde los 90, y que han sufrido torturas y condiciones inhumanas de encarcelamiento. Los temas “Nunca en el olvido” o “Expande el mensaje” tratan sobre esto.

En entrevistas, luego de ser encarcelado, Pablo expresa que solo el hecho de haber mostrado a los ojos de toda España y del mundo esa realidad, hace que valga la pena su detención, incluso dice que, desde el respeto a su colega, no concuerda con la decisión de Valtonyc de exiliarse y de pedir disculpas públicas por sus dichos para ser rescindido de sus penas. Pablo afronta la prisión política con la misma coherencia que lo hicieron innumerables revolucionarios de todas las décadas y siglos que nos preceden, viéndolo como una trinchera más a la cual lo llevó su lucha política, una de las más sufridas, pero también una desde la cual el trabajo de denuncia puede tener efectos muy importantes. A los revolucionarios españoles el caso de Pablo les prohíbe la complacencia con el régimen político español, y los impulsa a luchar día a día.

Actualización

Desde el encarcelamiento se han formado distintos colectivos que militan por la libertad de Pablo, que han formado redes desde las movilizaciones y que siguen trabajando.

La página donde más información hay sobre el caso y donde el propio Pablo publica textos que envía desde prisión es PRES.O.S., asociada a la organización Socorro Rojo Internacional, una organización comunista contra la persecución política. Desde allí Pablo se ha pronunciado sobre distintos temas de coyuntura, mostrando su firme voluntad de superar el aislamiento, lo cual también se expresa en su canal de youtube donde ha subido poemas escritos en prisión, documentales explicando la operación que llevó a su encarcelamiento y un momento emocionante que fue la lectura de una carta de Pablo en una actividad que se realizó en 2023 llamada “Hip Hop x Palestina”, donde saluda a los participantes de la actividad y llama a redoblar la lucha contra el genocidio desde todos los frentes en los que se pueda.

En PRES.O.S se publicó a inicios de este año un comunicado denunciando la pretensión de que Pablo pase a compartir celda con otro preso, lo cual había sido descartado en la negociación final de la condena, y que es además un derecho de la legislación penitenciaria constantemente pisoteado. Pese a que esto aún no ha sucedido, las organizaciones solidarias con el caso llaman  a mantenerse alerta, motivo por el cual también considero pertinente escribir  esta nota en este momento. Además, hay un artículo de Pablo Hasel denunciando la pretensión de la prisión de someterlo a un programa de reeducación como si fuese una persona peligrosa para la sociedad, ante lo cual el rapero reivindica su coherencia como preso político y llama a reivindicar la Amnistía Total3.

Capitalismo, prisión política y lucha antirrepresiva

El caso de Pablo Hasel no es algo que involucre únicamente a aquellos que les gusta el rap, o un caso aislado de desconocimiento de la libertad de expresión, sino que debería preocuparnos a todos ante las evidencias de un avance autoritario, represivo y fascista a nivel mundial. Lo que España hace en este caso es lo que los estados del mundo querrán hacer, y ya están haciendo, cuando protestamos por las consecuencias del colapso social que ya empezó. Es lo que ya se hace en Chile con los presos de la revuelta, lo que se hace en Argentina con Sebastián Romero y otros manifestantes contra la propuesta macrista de reforma jubilatoria o protestas más recientes. 

El sistema carcelario es una de las patas fundamentales del orden capitalista. El miedo a la cárcel, a ser privado de la libertad, disuade a los que quieren ir contra este orden, y aísla a los que efectivamente lo hacen, buscando reconvertirlos en algo útil a la reproducción del sistema o lisa y llanamente destruyéndolos. Hay un disciplinamiento para el criminal pobre, y lo hay también para el preso político, como se ve en el programa de reeducación que le ofrecieron a Pablo a cambio de bajar sus penas.

Todo esto implica de nosotros una militancia despojada de ilusiones democratizantes,: si creemos que el sistema va a ser respetuoso con las libertades democráticas sólo porque nosotros lo somos, o porque hubo una transición democrática (de la cual ya conocemos sus contradicciones), cuando la represión empiece a caer sobre nuestros compañeros y compañeras estaremos indefensos. La lucha antirrepresiva debe ser una pata fundamental de la política de la izquierda, la construcción permanente de redes de solidaridad e información es fundamental para romper el cerco represivo. Debemos tener una organización pronta para que cuando la represión llegue, ser capaces de informar y explicárselo al pueblo, desmontar las mentiras de los medios oficiales, y responder movilizados, como hicieron decenas de miles de españoles cuando Pablo fue detenido. Tal vez lo que a ellos les faltó fue justamente tener formas potentes de información y educación de antemano, que predispongan a la gente contra la represión antes de que suceda, aunque podría también decirse que las condiciones de excepcionalidad en las que se encontraban complicaron mucho la situación.

En el Uruguay de hoy no tenemos presos políticos, si por este concepto entendemos la prisión a los militantes o simpatizantes de alguna causa política, por fuera del principio de que “todo preso es político”. Sin embargo la represión es un hecho en nuestra sociedad, un hecho que busca ser ocultado y tergiversado sistemáticamente por el sistema político y la prensa para seguir reproduciendo el mito de la excepcionalidad Uruguaya y de las instituciones democráticas infalibles. 

El inicio de la historia represiva en el Uruguay post dictadura se ubica primero que nada con la Ley de Caducidad y la consolidación de la impunidad de los represores, primera señal de que el aparato represivo seguiría casi intacto, y de que la represión a los luchadores sociales no quedaría en el pasado. Esto pudo confirmarse casi inmediatamente. Los 90 fueron años de razzias policiales en los barrios populares, fueron años donde se reprimieron muchas de las luchas del momento, como la huelga de la construcción del 93, y el despliegue represivo a la concentración en el Hospital Filtro en el 94 donde la policía asesinó a Roberto Facal y Fernando Morroni, e hirió gravemente a  otros manifestantes. Se confirmó también que durante estos años y los tempranos 2000 existió el espionaje militar a amplios sectores del movimiento social y la política. 

Como demostración de que esto es política de estado tenemos la continuidad de la represión durante el período progresista, en la marcha contra la presencia de Bush en Uruguay, en el CODICEN en el 2015 movilizando cientos de policías militarizados contra estudiantes de secundaria, en el decreto de  esencialidad de los docentes y en el decreto antipiquetes, en  la marcha del agua en 2019, en la marcha contra la injerencia de UPM en la educación y en la persecusión a los vecinos que denunciaron el paso del tren de UPM por sus barrios. Ese año fue asesinado Plef. 

En el último gobierno de la Coalición Republicana, la LUC habilitó la represión que luego se aplicó a trabajadores marítimos (la cual volvió a darse este año en gobierno del FA) y a trabajadores del transporte, además de desalojar las ocupaciones estudiantiles del 2022 de formas que casi llegaron a la represión directa y habilitar el espionaje a organizaciones y dirigentes gremiales (cosa que también ocurrió durante el período progresista en 2013 con el espionaje a Plenaria Memoria y Justicia). En Uruguay se persigue a quienes luchan por cambiar la sociedad y se protege a los criminales de lesa humanidad.

Este panorama apunta a empeorar por el desarrollo de las tecnologías de vigilancia y la forma de uso por los estados, las empresas, y los ejércitos, y la propia política de ascenso de la extrema derecha que apunta a una nueva derrota estratégica de la clase trabajadora y la izquierda, con nuevos métodos y con los de siempre, pero más refinados. Gaza, Chile o Río de Janeiro son la imagen de esto. La represión a Pablo Hasel se da justamente por el impacto de su mensaje, cuyo medio principal eran las redes, convencido de la necesidad de usar su potencial para informar y educar. El mundo de la vigilancia virtual no puede tolerar a los educadores revolucionarios. Con más motivo no podemos dejar esta lucha: se vuelve urgente construir nuestras propias redes de solidaridad, denunciar la represión, denunciar la realidad del sistema carcelario, explicar su rol en el sistema capitalista y cómo todo esto subraya la necesidad de luchar para superar este sistema.

Es importante demostrar la dignidad y la belleza de la solidaridad, como un afecto revolucionario que impacte contra el cinismo hegemónico.

La disposición a defenderse implica necesariamente la conciencia de que estamos en una lucha y que si no queremos ser derrotados también hay que atacar. Para la izquierda sus presos políticos deben ser el recordatorio diario de que no se puede tolerar que este sistema siga ganando y siga dominando el mundo, igual que tantas otras miserias. Nuestra política debe reflejar esto e instalarse sobre la lucha de clases, potenciando la capacidad del pueblo de defenderse, de realizar ataques potentes y estratégicos, y no ser un enemigo fácil que no tiene nada que decir ni hacer ante el hecho que sus compañeros están siendo reprimidos y privados de su libertad.

 

Notas

  1. https://youtu.be/d57izywsTzw?si=30PaPUFL7CLZCDdm ↩︎
  2. https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/ley-mordaza/ ↩︎
  3. https://www.presos.org.es/index.php/2025/05/15/carta-de-pablo-hasel-desde-la-prision-de-ponent-beneficios-penitenciarios-y-presos-politicos/ ↩︎

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