El sur no sigue las modas

Pelo arreglado hacia atrás, con gel y fijador. Ropa de tonos beige y blancos, nunca coloridos o estampados. Oversize o camisas, sin mostrar mucha piel –lo vulgar desentona con lo prolijo–. Maquillaje que parezca que no hay. Menos cosas, más energías “femeninas” o “masculinas”.

El clean look, old money, balletcore, tradwives, son tendencias de moda dirigidas a los más jóvenes con un objetivo político conservador: formar al hombre más poderoso y a una mujer más sumisa.

Desde el minimalismo inmobiliario, con casas construidas sin personalidad; edificios que se alzan hasta el cielo sin ornamentos ni dejos de disidencias ante la tendencia a lo limpio, hasta la invasión a los cuerpos más jóvenes, la generación Z y las que vienen –al menos en el norte–, han demostrado ser más conservadoras, incluso más que nuestros padres o abuelos.

Este estilo de vida es promovido desde la política: el avance de la ultraderecha a nivel internacional se vincula estrechamente con el surgimiento de estos nuevos viejos valores que renacen en forma de reels, tik toks e influencers. Estos resaltan sus posiciones políticas conservadoras ante sus miles, sino millones, de seguidores jóvenes.

A lo anterior se suma la elección de Pantone –empresa responsable del Pantone Matching System (PMS), sistema estándar de calibración de color en la industria gráfica y de la moda a nivel mundial– para el color del año 2026, que no es ninguna sorpresa: Cloud dancer, el tono más blanco. Este color será usado para toda la indumentaria, la industria del diseño gráfico y de interiores, para todo aquello que sea mercantilizable y siga la moda.

El norte parece crecer como una ola que trae sus corrientes imperialistas sobre el sur, con una creciente cantidad de jóvenes latinoamericanos que intentan seguir el ideal aspiracional al que  remite  la meritocracia: “si no es tuyo, es porque no te esforzaste lo suficiente”.

Pero hay un problema mayor a lo que se piensa. En el sur nadamos entre colores, nuestras raíces incluyen los estampados, el maximalismo, la saturación visual. Desde este lado los nietos se acostumbraron a crecer con platos de colores, manteles excesivamente estampados, cuadros por todas partes y figuras maternales o paternales que coleccionan los cachivaches baratos del Tugays.

Nuestras raíces al igual que nuestrasetnias se mezclan, con una vorágine de culturas que excluye cualquier idea pretenciosa de cambiar esta fotografía a color por un sepia o un blanco y negro. Nuestros artistas nos pintaron con trazos desprolijos y de pigmentos varios, como lo hizo Figari y cómo lo harán otros.

Empero, el sur no se acostumbra al Clean Look. El sur tiene disidencias, personas de todos los tamaños que se visten de todos los colores, playas y bikinis tropicales, culturas indígenas y originarias que se niegan a regirse por una moda imperialista. El sur tiene maricas, jóvenes, artistas, empresarios y feriantes.

El sur tiene demasiada personalidad como para dejarse borrar por una corriente de moda con voces conservadoras detrás.

 

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