Dice Walter Benjamin en Tesis de filosofía de la historia (1942):
«La conciencia de hacer saltar el continuo de la historia, es propia de las clases revolucionarias en el instante de su intervención. La gran revolución introdujo un calendario nuevo, por eso el día en que se implementa un calendario, funciona como una especie de sintetizador del tiempo histórico.
Los calendarios no cuentan el tiempo de la misma forma en la que lo hacen los relojes, son los momentos de una conciencia histórica de la que al parecer hace siglos que no existe ni la más mínima huella en toda Europa.
Todavía en la revolución de julio se produjo un episodio en que esa conciencia hizo valer sus derechos. Cuando había caído la noche del primer día de combate, ocurrió que en muchos lugares de París independientemente y al mismo tiempo, muchas personas dispararon contra los relojes de las torres. Un testigo que quizá deba su inspiración a la rima escribió:
"Qui le croirait!, on dit, qu'irrités contre I'heure
De nouveaux Josués au pied de chaque tour,
Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour." »
Es decir, el tiempo técnico abstracto de la producción y la tecnología es sustituido por un tiempo simbólico que se asocia en la literatura de Benjamin, con el calendario, porque el calendario conmemora algo. El sujeto revolucionario detiene el tiempo.
El carácter simbólico del tiempo capitalista ha sido virtualmente eliminado por su carácter técnico, por la abstracción del tiempo reloj. El tiempo técnico es tan simbólico como el otro, pero es el tiempo de los vencedores, es el tiempo de quien se quedó con el trabajo del otro, pudiendo diseñar las ciudades como una enorme pieza de relojería.